Agresividad y Violencia

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En nuestra vida cotidiana escuchamos numerosas noticias sobre actos violentos: familiares, de género, entre niños, en las relaciones laborales, hasta  llegar a la violencia terrorista y las guerras.

Es habitual encontrar que ambos términos (agresividad y violencia) sean tratados como idénticos, cuando en realidad es necesario establecer claras diferencias para poder trabajar, a través de la palabra, los problemas que suponen.

Cuando hablamos de agresividad queremos describir  ese potencial que todo sujeto posee y que puede tener un origen del lado bio-genético o socio-cultural, (según las diferentes posturas teóricas) y muchas veces necesaria para defender o alcanzar algunas metas cotidianas, es decir, es inherente al ser humano.

En el caso de la violencia estamos haciendo referencia a la entrada en acto de algo del discurso social que la fomenta y articula, y que puede estar dirigida contra el propio sujeto, hacia otros o contra objetos. O sea, el acto violento puede ser auto-agresivo (auto-lesiones, suicidio, cortes, etc.),  hetero-agresivo  (actos contra otros, vandálicos, racistas, sexistas, etc.)

La violencia se desencadena en aquel que en determinado momento se enfrenta a un malestar psíquico profundo con el otro, que no puede traducir adecuadamente a través del lenguaje, abandona el lenguaje, pasa al acto para expresar algo de ese malestar (angustia, tristeza, ansiedad, dolor, tensión, etc.), apoyándose más en elementos de corte imaginario, proporcionados por su entorno que de sentido (fanatismos, prejuicios, etc.). El otro no es tolerado, sin más, y por lo tanto debe ser rechazado o desaparecer a través del acto violento. En el caso del suicidio es un intento de eliminar imaginariamente a un Otro radical, mortífero.

La violencia nunca es gratuita

Por esto el trabajo terapéutico debe estar orientado a proponer y sostener la palabra como única forma de que el sujeto represente su malestar. El sujeto solo adquiere la autonomía que necesita cuando encuentra las palabras auténticas que le representan frente a su malestar y para poder construir o reconstruir su lazo social.

La agresividad se puede reconducir en actividades que tengan un valor social, (estudio, deporte, trabajo, actividades creativas, etc.) que no son impuestas por el Otro, sino producto de un deseo auténtico. Es por lo tanto fundamental que ante lo que puedan ser manifestaciones de agresividad desbordada o actos violentos, del tipo que sean, se pida ayuda para hacer posible construir una salida particular que oriente hacia la palabra y lo social.

Lic. H. Alejandro Afonso Lateulade

Psicoanalista